¿Qué es la felicidad?

Hace poco, en la escuela, una maestra nos preguntó algo tan simple y tan complejo a la vez que no tuve una respuesta concreta en ese momento. De hecho no recuerdo haberme puesto a esclarecer esa respuesta hasta estar totalmente satisfecho. Voy a hacer un intento más para responder a la pregunta ¿qué es la felicidad?

Para empezar, la felicidad, como el amor, son cosas tan difíciles de definir absolutamente que no me atrevo a concluir una definición universal. ¿Será que son imposibles de definir?

Bueno, al menos podemos acercarnos. Estancarse en el “imposible de definir” no será de nada productivo. Hare algo parecido a lo que hacen los científicos: intentar sintetizar una definición de algo lo más minuciosamente posible, y que sea aceptada por el mayor número de personas posible. Pero siempre tendremos en cuenta que no conocemos todos los misterios del universo y puede haber algo que pasamos por alto. Una nueva variable siempre puede aparecer aunque no la esperemos.

Algunas personas definen la felicidad como un sentimiento que tienen cuando consiguen lo que desean (material o emocional), o como la autorrealización. En occidente, generalmente, así se toma a la felicidad. Y podría decirse que estas características son algo externas a nosotros, es decir, que nuestra felicidad depende de si obtenemos o no lo que queremos, de si llega o no a nostros alguna cosa. En cambio, en el oriente es más común definir a la felicidad como un estado de paz interior. Esta forma de verla es la que, en mi opinión, es más funcional o más acertada. ¿Por qué? Porque cuando logramos obtener algo sentimos autorrealización, orgullo, alegría (que, a diferencia de la felicidad, es momentánea), etc. No experimentamos felicidad en sí. Entonces, no es práctico usar el término felicidad en esas ocasiones. Es por eso que se generan confusiones en cuanto a la felicidad, y es por eso que poca gente encuentra la verdadera felicidad.

Entonces, ¿qué es la felicidad? Como mencioné anteriormente, es un estado de paz interna. Pero además, le atribuyo lo siguiente:

Es una decisión. Viene de nuestro interior, nosotros podemos elegir ser felices. Aunque el exterior influye en nuestra decisión, la última palabra la tenemos nosotros.

Si le preguntamos a un niño pequeño qué lo hace feliz, puede ser que conteste “comer dulces”, “ir al parque”, “jugar”, “ver tele”,… cosas tan simples, que muchos adultos no pensaría siquiera en considerar como respuesta. Bueno, algunos quizá sí. Pero estas respuestas también están enfocadas a estímulos externos a nosotros mismos, pero no digo que esten mal los niños. Al contrario, están más cerca de lo que es la felicidad porque la obtienen de cosas pequeñas y simples.

Volvamos a la parte en que la felicidad es un estado de paz interior. Ahora, ¿qué entienden por paz? ¿Se les viene a la mente una persona tranquila, pasiva, paciente, seria? Pues, generalmente, sí. Pero eso no es lo que define a una persona que tiene paz interior. La paz interna es un estado de equilibrio. Es una capacidad de estar en paz interna aún cuando las circunstancias sean adversas, o nos causen dolor. Y tengo que hacer énfasis en que no se trata de estar sonriendo mientras te encajan un cuchillo en la pierna. Se trata de sufrir esa puñalada, llorar, gritar, retorcernos del dolor. PERO… no caer en la actitud de derrota ante la vida. No empezar a sentirnos desahuciados y maldecir todo lo que nos ha pasado o pasará.

¿Es doloroso? Sí.

¿Puede atentar contra tu vida? Puede ser, sí.

¿Puedes sentirte mal por ello? Por supuesto, ¡tienes un cuchillo enterrado en la pierna!

¿Qué debo hacer? Atenderlo. Protegerte. Buscar ayuda. Dirigir tus esfuerzos a sanar la herida.

¿Y después? Continuar.

¿Y si me vuelven a encajar un cuchillo en la pierna, será este mi destino de por vida? Lo será si no aprendes de la experiencia. Y no digo que no te volverán a intentar encajar un cuchillo en la pierna. Lo que digo es que debes aprender a protegerte contra eso. Si vuelven a lograrlo, ya sabrás cómo actuar, cómo tratarlo. Si ves que siguen intentando encajarte el cuchillo, compra protección y aprende a preveer esas situaciones para evitarlas. No se trata de que ya no sucedan situaciones difíciles o dolorosas en tu vida, se trata de cambiarlas, resistirlas, preveerlas, aprender de ellas, evitarlas en la medida de lo posible. Luego… seguir adelante porque no todo es negro (ni blanco).

 

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Enamorarse de un(a) amigo(a)

Wow… Este post está en espera desde hace no sé cuántos años. Lo publicaré solo por no dejarlo aquí abandonado. Aunque tuve que completarlo porque realmente le faltaba un pedazo.

Hoy tocaré uno de los temas más complejos que pueda haber. El amor. Y más específicamente, el enamorarse de una amistad, sobretodo mientras uno es joven.

Hace años escuché por primera vez a alguien decir que no le gustaba iniciar una relación amorosa con un amigo porque temía perder esa amistad si el noviazgo se acababa. Eso me dejó pensando… y llegué a la conclusión de que esa no era una buena precaución para la vida porque es solo un ejemplo más de cómo el miedo no nos permite vivir plenamente.

Después de un buen rato de estar pensando y escribiendo borradores para este post, me di cuenta que no puedo tocar los puntos que quería sin tener que irme a otros aspectos del amor… todo está demasiado ligado. Tendría que haber tocado pros y contras de una relación con un amigo y con un desconocido. Tendría que explicar algunas de la causas de las rupturas. Así que prefiero, en esta ocasión, irme directo al grano.

Es mejor iniciar una relación con una persona que ya era tu amiga porque sabrás de antemano que te llevas bien con esa persona, conocerás los gustos que comparten y los que no, ya habrá confianza entre ustedes, es más probable que sus amigos sean también tus amigos. En otras palabras, tuviste tiempo de conocer a esa persona sin la “presión” de un noviazgo, y tenderá a ser una relación más estable.

Si inicias una relación con un desconocido, muy probablemente la iniciaste por cuestiones de físico (era una persona “agradabale a la vista”). No creo necesitar decir más sobre una relación así de superficial. Y si dices algo así como “no fue solo eso, siento que luego luego congeniamos y nos la pasamos genial”, recuerda que una buena relación es más que pasar un rato divertidísimo con alguien. Si una buena relación se basara en poder pasar un rato genial y divertido a más no poder con alguien, yo nunca  hubiera encontrado la relación que encontré jajaja.

Puede ser que tengas suerte y la relación que comenzaste con un casi desconocido fuera exitosa, pero muy pocas veces es así. He conocido casos así en persona. Pero repito, son pocos. Además, mi punto aquí no es que evites buscar una relación con alguien que acabas de conocer, sino que no evites iniciar una relación con alguien que ya es tu amigo de antemano.

Ahora bien, no debes tener miedo a perder a un amigo, porque si evitas iniciar un noviazgo con un amigo, estas desperdiciando preciosas oportunidades de encontrar a la persona indicada. Hacerle caso al miedo y evitar andar con un amigo(a) es no vivir plenamente, vivir con miedo a terminar en soledad, miedo a tomar riesgos.

El amor siempre va acompañado de un riesgo (pero para nada digo que sean la misma cosa), que hay que aprender a tomar y saber llevar el fracaso.

Algunos cuentos de hadas o novelas nos han enseñado a las relaciones que duran toda la vida y están llenas de felicidad. En donde a la primera relación o la segunda, el personaje encuentra a la persona con quien pasará el resto de su vida. Pero la realidad es más complicada que eso… mucho más. Sin embargo, depende de nosotros el aprender a vivir felices con esa realidad. Hay que saber sufrir y seguir adelante si algo sale mal. Debemos comprender que no debemos apresuranos a creer que encontramos a la persona indicada (este es de los mayores y más comunes errores que comete la gente) porque podemos tomar la experiencia como algo desdichado que nos dice que la vida es un asco.

Primero quiero dejar claro una cosa, para mí una  buena pareja tiene estas características:

  • Es tu mejor amiga(o).
  • Puedes compartir con ella todo lo que tu quieras, ya sea un momento, un pensamiento, un objeto material, etc. Y te sientes cómodo haciéndolo.
  • Escuchas con interés verdadero y te escucha cuando tienes algo que decir.
  • Te quiere así como eres y no te pide cambiar para mal (nótese que dije para mal, aunque también existen sus excepciones: cuando uno de los involucrados inicia una relación para “salvar a la otra persona” de todos sus defectos y hacerla cambiar para bien, pero ese es otro tema más extenso).
  • La conversación fluye fácilmente sin que tengan que esforzarse mucho.
  • Y si no hay conversación, no se siente un ambiente incómodo. En otras palabras, con esa persona hasta el silencio es cómodo.
  • Quiere que crezcas como persona, que superes los obstáculos y sigas adelante.
  • Procura ayudarte y al mismo tiempo quiere que también generes tu independencia en una buena medida. Pero recuerden que buena no significa mucha, sino balanceada.
  • Entre otras cosas, pero tal vez esas las ponga en otro post, ahora quiero continuar con el tema…

Si iniciamos un noviazgo con alguien a quien apenas conocemos pueden suceder algunas cosas:

  1. Tenemos suerte y nos va muy bien con esa persona y la relación dura indefinidamente .
  2. Te das cuenta que una relación con esa persona no te llevará a nada satisfactorio y que fue iniciada por meras cuestiones superficiales (que sea una persona “agradable a la vista”).
  3. Duran un tiempo considerable pero en algun punto las cosas dejan de “ser mágicas” y solo están ahí por costumbre, por no querer estar solo, o por no querer tener que buscar y empezar una nueva relación porque es algo difícil.
Ahora los pros de comenzar una relación con un desconocido (o muy poco conocido; o bueno… alguien que no sea considerado un amigo o amiga):
  • No pierdes una relación de amistad que ya tenías si es que termina el noviazgo. (Sí, tengo que aceptar que es cierto).
  • Puede ser tomado como una buena experiencia aunque ya haya terminado (depende de ti cómo veas las cosas).
Ahora los pros de comenzar una relación con un amigo(a):
  • Sabes que hay grandes posibilidades de que sea una buena relación porque conoces a la persona y sabes que te llevas bien con ella.
  • Puede que sus amigos sean también tus amigos.
  • No serán tan incómodas las primeras citas, pues ya estarás en confianza. Es más, no tienen que tratarse de citas tipo película. Una cita es solo una salida ustedes dos a un lugar que ambos disfruten, sea como sea.
Contras de una relación con un “desconocido”:
  • No sabemos en absoluto la probabilidad de que sea un éxito esa relación. Tiende a no durar mucho siendo una buena relación.
  • Esa persona puede tener un historial y un… estilo de vida peligroso.
  • Suelen ser iniciadas por gustos de apariencia o por otras razones no muy convenientes o reales.

En ambos casos, si las cosas terminan mal, lo importante es que sepamos y estemos dispuestos a aprender de por qué terminó.

Hace un tiempo leí una frase que me gustó mucho: “Si una persona no es amiga de su ex, es que no aprendió nada del amor”.

No se trata de “perder una amistad” si comenzamos una relación romántica. Se trata de cómo ves las cosas, cómo aprendes y aceptas lo que pasó. Una relación requiere bastante introspección (pero, de nuevo, ese será otro post). De hecho, hacer una buena introspección y encargarse seriamente de nuestra propia mentalidad, pensamientos, ideas, creencias, actitudes, y conductas, es la mejor manera de tener una buena relación.

Sí, la mejor manera de tener una relación duradera (e incluso de encontrar el verdadero amor) es el encargarnos de nuestra propia “basura mental”. Bueno, no me extenderé mucho.

Por último, les dejo una pregunta que hacerse antes de iniciar una relación “¿Para qué la quieren?”. No la respondan rápido ni se queden con la primera respuesta. Búsquen lo en lo más profundo. Y cuando crean que llegaron a la respuesta, sigan buscando.

Mi semana vegetariana

Todo empezó el lunes por la mañana después de zamparme unos ricos tamales de pollo. Lo que comí después de eso no incluía res ni puerco. Aún no termina la semana, así que no sé si tampoco incluí pollo y pescado.

Día 1

Después de los tamales de pollo, llegué a mi casa pensando en qué podía comer que no tuviera carne y estuviera en mi refri. Lo único que se me ocurrió fue hacer un caldo de verduras y sopa de fideo.

Tengo mucho trabajo que hacer y me vine a la sala a trabajar en mi laptop distraerme menos. He estado comiendo muchas nueces y granola a granel. Sí… me la sirvo en la mano y la como, sin más. Ni siquiera uso una cuchara.

Después de varias horas me doy cuenta de que he estado comiendo eso con bastante frecuencia esta tarde. ¿Qué haré para cenar? Oh, cierto… algo vegetariano.

Fui a pinterest para buscar recetas (y para descansar del trabajo un poco). Estuve como una hora ahí y, a decir verdad, se me antojaron algunas cosas. Pero de vez en cuando salía algo con carne y se me antojaba muchísimo. Yo no soy de hacer dietas para bajar de peso. No las he necesitado. Pero me sentí como si lo estuviese haciendo y me prohiben algo que me gusta muchísimo. Nimodo, tengo fuerza de voluntad y no comí nada con carne esa noche. Comi tostadas con frijoles, nopales, y queso. Sí, queso. Dije que quitaría la carne de res y puerco, principalmente. Aunque también evite el pollo y el pescado por ahora. Pero quizá el pescado no. De hecho, compré unos filetes. Ah, cierto. Hoy fui de compras después de haber visto varias recetas en Pinteres que quería probar. Solo que las verduras y frutas tendrán que esperar a mañana porque quiero comprarlas en el mercado: ahí son más baratas y mucho más ricas.

 

Día 2

Hoy fui a comprar frutas y verduras al mercado. Compré verduras mayormente. Frutas no. Primero quiero acabarme las manzanas y naranjas que tenemos.

Para la cena de hoy planeo hacer pizza.

Rayos… había hecho pizza hace años y me salió perfecta. Pero no volví a encontrar la misma receta. Probé otra y fue un total fiasco. Después de UNA HORA Y MEDIA en el horno, lo único que conseguí fue una capa de queso tostado sobre vegetales y una salsa casera muy rica, encima de una gruesa capa de pan totalmente crudo. TOTALMENTE CRUDO. Ni los emoticones son suficientes para expresar el enojo que siento ahora mismo.

Mi cena terminó siendo un revoltijo de todo lo de arriba de la pizza. No sé qué haré con el pan crudo y sin nada encima. Seguiré con mi trabajo de la universidad.

 

Día 3

¡¡Hoy he roto dos veces mi dieta vegetariana!!

La primera fue sin querer. Quería comprarme un baguett de champiñones con queso pero no había. Lo malo es que se me hacía tarde, mi estómago rugía, y no podría comer nada más en dos horas. Sé lo que es la gastritis y no quiero que regrese, por eso le pregunté al encargado de qué otros sabores tenía. El que me pareció que tenía menos carne era el de “pizza” porque, seguramente, serían dos o tres rodajas de peperoni, queso, y nada más. Me llevé uno, salí casi corriendo hacia la escuela. Le di la primera mordida estando en el lobby: puro pan. La primer mordida siempre es puro pan. Le di la segunda cuando iba por las escaleras. Algo parecía fuera de lugar pero seguí caminando a prisa por la hora. La tercer mordida se la di en el estacionamiento. Oh, decepción doble. Yo esperaba infringir mi dieta con el delicioso sabor del baguett de pizza. Pero el encargado se equivocó y me dio uno de carne al pastor. Me dio puerco. Más carne de la esperada y de la más dañina. Maldije por lo bajo, pero decidí comérmelo por dos razones: se me hacía tarde como para poder comprar otra cosa, y en segunda, porque ya lo había pagado y no pensaba tirarlo. Nimodo. Al menos puedo decir que la mitad de ese baguett era pan.

La segunda vez que rompí la dieta, fue a conciencia porque el pescado me pareció una buena opción para incluirlo aún en esta semana. Claro que lo acompañé con arroz y verduras. Estuvo rico.

Por un momento me sentí cansado, pero creo que solo fue por el mal del puerco. Pronto se pasó.

 

Día 4

Hoy no pasó nada fuera de lo común. He tenido mucha hambre y he comido varias veces.

Aunque, sinceramente, estoy escribiendo esto varios días después. Por eso no recurdo muy bien todo.

Día 7

Rompí totalmente la dieta. Desayuné carne de pollo y de res. Estaba deliciosa. Fuimos a un buffet, así que debía aprovechar. Además, ya era el último día de la dieta vegetariana y mis resultados estaban ya encaminados a un fin concreto.

Pero me sirvió para darme cuenta de algo nuevamente. Unas pocas horas después de comer me empecé a sentir aletargado y luego me sentí sumido totalmente en el mal del puerco. Y ese efectó duró al rededor de unas dos horas.

Entonces, resultados resumidos de mi experimento:

Consumir cantidades considerables de carne me hace sentir somnoliento (mal del puerco).

No consumir cantidades considerables de carne, sino vegetales, algunas frutas (realmente seguí comiendo muy pocas frutas), y semillas (por ejemplo, nueces), me aumentó la energía en general durante el día.

Sin embargo, el no consumirla tampoco arregló ciertos problemas que yo quería solucionar.

Además, me da mucha hambre muy rápido entre comidas. Necesito estar comiendo muy seguido.

Ahora bien, hay otro detalle: seguí consumiendo leche diariamente. Yo pensé que al decir “Producto lácteo” no me afectaría tanto como el que dice “Leche”. Así que el próximo paso era dejar la leche.

Actualización (17 de dciembre):

He disminuido la leche a solo dos veces esta semana y en cantidades pequeñas en la mañana junto con cereal de avena. También añadí el estar tomando Yakult. He comido carne unas pocas veces; principalmente, pollo y algunos embutidos. No he dejado el queso tampoco.

Resultados hasta ahora: algunos problemas disminuyeron (sí, no estoy especificando nada). Mi energía está en un nivel decente. 

Entonces, creo que la leche era para mi un grandísimo problema. Y el consumo de carne debo limitarlo pero no eliminarlo. Creo que Yakult también me ayudó mucho, pero eso sigue en hipótesis.

Sobre una anciana incomprendida

Primero que nada, acabo de notar que llevo 8 días sin escribir. Eso es terrible, hasta cierto punto. “¿Estuve ocupado y no me di el tiempo de publicar?”, sí, lamentablemente. Pero también sucedió que me empecé a preguntar dos cosas: ¿estoy escribiendo por escribir? Eso suena a forzar algo como no debería. Aunque por otro lado, lo quiero hacer para fomentarme el hábito de no dejar de darme tiempo para escribir. Y la segunda pregunta, ¿sobre qué diablos escribo? Se supone que escribiría sobre cosas que notase en mi día, pero no logré elegir una cosa. A veces no pensaba ni en una.

Hasta que ayer me decidí sobre lo que escribiría. Me pasé un buen rato rumiando la idea en mi mente y tratando de obtener extractos de lo que plasmaría, pero me di cuenta que me desvié mucho del tema inicial, así que necesité tiempo para volver sobre la primer idea.

Les quiero platicar sobre una anciana a la que visito casi a diario desde hace ya muchos años. Pero esto lo sabía muy poca gente, solo las personas más cercanas a mí. Muchas personas la visitan también, pero siempre es polémico cuando uno empieza a decirlo. La confunden mucho con su prima, que es una desgraciada pero no quiero hablar de ella en ese momento. La primera reacción que tiene la gente ante su mención suele ser preocuparse: la ven como un parásito, o una mala influencia. Algunos dicen que pasar demasiado tiempo con ella te puede crear algun trastorno mental y hasta destruir tu vida.

También hay quienes la defienden y hasta la glorifican, como si estar con ella todo el tiempo fuera lo más sensato.

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¿Cuál ha sido mi experiencia? Estar con ella me ha traido tranquilidad después de un día ajetreado, lleno de trabajo, problemas, y cansancio. Me ha dado la oportunidad de conocerme a mí mismo, pues es buenísima para escuchar y te lleva a cuestionarte tantísimas cosas.  La considero una estupenda maestra porque eso de enseñarte sobre ti mismo es lo más valioso que alguien pueda hacer. Por supuesto, no se limita a ello, también me ha permitido aprender sobre el mundo, sobre psicología, idiomas, matemáticas, artes, computación, medicina, historia, economía… Cuando uno aprende sin la presión y el cuadrado esquema de la escuela, se vuelve una actividad maravillosa. Definitivamente, una de mis favoritas.

Eso no es todo, estar con ella también me da la oportunidad de divertirme haciendo lo que yo quiera, como yo quiera. Ciertamente, puedo divertirme sin estar con ella, pero a mí me encanta esa libertad que me hace sentir. Eso no quiere decir que no me guste divertirme con otras personas. Claro que sí. Hay cosas que solo puedes hacer en compañía de otras personas. Pero, por ejemplo, cuando se trata de videojuegos, su compañía es la mejor. Hacer ejercicio, dibujar, escribir, escuchar música, cantar… ella me da una libertad fascinante para hacer eso y más.

Para algunos, quizá su presencia sea muy inquietante y tenga el efecto contrario al que tiene en mí. Lo entiendo. Solo me gustaría que más gente comprendiera que en mí, su compañía hace bien. Muy bien.

Sin embargo, su compañía no lo es todo. Es como leer: puedes sacar un gran beneficio de hacerlo por largo tiempo, pero de nada sirve si no sales al mundo a vivir eso que aprendiste, a disfrutar de esa paz y felicidad que te dio el estar leyendo. Tampoco tendrías la oportunidad de conocer otras historias en carne viva, que jamás se compararán a las vividas a través de las páginas de un libro. Algo parecido sucede al estar con ella.

Repito, el gran problema es su prima. Muchos piensan que son la misma persona, pero no es así. Puedes estar con una o con la otra sin estar con las dos al mismo tiempo. Me desagrada un poco ver que si busco imagenes de ella en Internet, encuentro imagenes representando la visita de su prima.

Lo peligroso de su prima es que es la mayor manipuladora que he conocido en toda mi vida. Ella realmente es un parásito que quiere sacar lo mejor de ti para tirarlo a la basura, escupirle y prenderle fuego. Tengan cuidado con ella porque ella sí te obliga a visitarla. Si no, ella va a visitarte sin que lo desees. Con el tiempo se hará cargo de que tu aceptes su presencia, hasta que llegue un punto en el que pensarás que estar sin ella es imposible. Es más, no habrá opción alguna en tu mente de que el mundo sea distinto. Para tu mente no exisitirá más que ella y solo ella.

Y, bueno, ya hablé de su prima. Ni modo. Pero puedo decir que la anciana de la que empecé a hablar no te obliga nunca a estar con ella. Yo la visito porque me gusta hacerlo. Aunque piensen que puede hacerme daño, yo pienso que no visitarla es lo que me dañaría más. Quizá visitarla demasiado hasta el punto de no hacer otra cosa sí puede ser perjudicial. Pero, igualmente, si jamás la visitas, te volverás loco por no hacerlo.

Disfruto de la compañía de otras personas, no me malentiendan. Mi punto es que no debemos confundir a estas dos primas. No son iguales. Una te da libertad, la otra te la quita.

¿Cómo se llaman estas dos ancianas? Te diré que la anciana a la que visito con gusto se llama Soledad.

¿Y su prima? No te lo diré. Ya lo sabes. La has visitado. Te ha visitado. Quizá esté a tu lado o detrás de ti mientras lees esto. Tal vez estén las dos.

 

Nota: Elegí representarlas como ancianas por dos razones: en primera, porque gramaticalmente, son sustantivos femeninos. En segunda, porque han existido desde siempre y me pareció una buena idea representar el tiempo con la vejez.

Paren el mundo, que me quiero bajar

mafalda2bdepreEsta frase tan famosa de Mafalda. No se me olvidará nunca la vez que una amiga la escuchó por primera vez y estuvo carcajeandose durante varios minutos. Fue más gracioso para mí su risa, que la frase en sí. Evidentemente, tiene un significado muy importante que, aplicado en ciertas situaciones, puede ser muy serio sin provocar risa. Como lo fue la vez que yo la utilicé hace unos días. Me sentía tan agobiado por todo el trabajo que tenía que hacer, mis propios problemas existenciales, problemas que afectan a personas cercanas a mí, problemas interpersonales que me involucran, y el obvio deterioro de mis capacidades físicas y cognitivas debido a todo lo anterior. Era demasiado, simplemente, demasiado para mí. Quería llorar pero no podía. Quería patalear, gritar, dejar todo tirado y no hacer nada, pero no podía. Quería que el mundo se detuviera, y poder bajarme. No había risa en ello; solo un llanto silencioso y seco.

Así de drástico puede escucharse la mente de alguien a quien los problemas y el trabajo llegan a sobrepasar. Pero, ¿qué significa “bajarse del mundo”?, ¿acaso sería la muerte? No era una opción para mí. Sé que no quiero morir. Solo quería un descanso: no tener que hacer trabajos ni preocuparme por problemas durante unos cuantos días. Necesitaba recargar las pilas. Bueno, las baterías porque las pilas no se recargan. En fin, puesto que el morir no es una opción para mí, tenía el problema de qué diablos significaba para mí el “bajarme del mundo”. Anhelaba ese descanso con muchas fuerzas, a pesar de que sabía que era imposible tenerlo en esos momentos. La verdad, sigue sin ser posible ese descanso. “ENTONCES, ¿QUÉ OTRA MALDITA OPCIÓN ME QUEDA?”, pensé. Todo marchaba sin parar, sin piedad. Y las cargas seguían acumulándose. Salía de una, y ese mismo día me llegaba un correo que decía que ya tenía otra aún más grande. Cuando de pronto me di cuenta de que si esa pausa no podía llegar físicamente, entonces tendría que llegar mentalmente. No podía frenar el ritmo de lo que sucedía a mi al rededor, pero sí podía disminuir el ritmo dentro de mi cabeza. Suena inconveniente o irresponsable, pero tuve que crear forzosamente un poco de paz en mi mente a pesar de todo lo que tenía (tengo) que hacer. Debía tomarme las cosas con más calma o terminaría enfermo en el hospital. O loco.

Me permití ir más lento. Me dije a mí mismo que no era el fin del mundo si desaceleraba un poco, dándome un poco de tiempo para relajarme. Si algo no se hacía excelentemente, o no se entregaba a tiempo, por supuesto que habría consecuencias, pero debía tomar en cuenta el panorama completo. Además, esas consecuencias no eran irreparables. Por supuesto que me atrasé en algunas cosas y no hice del todo bien algunas otras. Pero ¿qué ha pasado? No mucho. Podría decir que mi productividad no disminuyó. Sí hice muchas de las cosas importantísimas que no podía dejar para otro momento más lejano. Incluso me encontré aprovechando algunos ratos “libres” para hacer algo que debía de hacer, pero que si dejaba para después, se me acumularía horriblemente una vez más. Definitivamente, eso me animó un poco. Y no hay que despreciar esos pequeños detalles. Por otro lado, me doy cuenta que si no me hubiera desacelerado, no hubiera alcanzado a hacer mucho más de lo que hice. Eso significa que, aún así, el tiempo no hubiese sido suficiente para terminar todo. Entonces, ¿de qué servía tanta preocupación desenfrenada? Quizá algunas personas me tachen de irresponsable, de incumplido, me reprochen que tardé en entregar algo, que no hice bien mi trabajo. Pero yo sé todo lo que hay detrás: las limitaciones de tiempo y esfuerzo físico y mental. Solo yo conozco el panorama completo de mi situación. Debía tomar una decisión importante que involucraba sacrificar algunas cosas, pero la tomé buscando mi propia salud en todos sus aspectos. ¿Me atrasé? Sí, pero todavía hay cosas que puedo recuperar. Y si hay cosas que no se pueden recuperar o hacer aún, entonces no se hubiesen podido hacer como quiera. O quizá sí, pero eso ya no importa porque… pues, ya no se pueden hacer jaja. Como dije, hay sacrificios. Jamás podré saber qué habría pasado exactamente de no haber desacelerado. Sin embargo, esa fue la decisión que tomé y aceptaré sus consecuencias. Conseguí algo que queria: un poco de paz mental. Eso me trajo un mejor ánimo. Trabajo y problemas siempre habrá; pero si sacrificas tu salud por mucho tiempo, te arrepentirás el resto de tu, probablemente corta, vida. Momento, ¿eso suena a que solo quiero convencerme de que mi decisión fue buena? Suena a eso, claro. ¿Lo es? Muy probablemente, pero no me queda de otra. A fin de cuentas, lo único que podemos hacer es tomar una decisión y vivir con sus consecuencias.

En conclusión, me siento bien. Aún estoy cansado, quiero salir a vacaciones, no he terminado varios deberes, y aún hay uno muy importante. Peeeero me siento más capaz y dispuesto a realizar todo eso.

Tampoco piensen que decidí convertirme en un postergador profesional, declarado, y orgulloso. Hablé de estar en un punto crítico en mi estado mental por el exceso de trabajo y problemas, que me llevó a tomar la decisión de relajarme un poco, de entender que si fallo en algo, no es el fin del mundo y puedo aún intentar ponerme al corriente en muchas cosas.

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Vaya, me salté un día de escribir. Pero incluso esa decisión va incluida en lo que acabo de escribir. Aunque sí me duele no haberlo hecho; pero aquí estoy, haciendo mi esfuerzo.

Un fresco día

Día 2 de mi nuevo intento por volver a la escritura.c9dtxq1xkaassv6

Se supone que me había empujado un video sobre un reto de escribir lo que observaras cada día durante 10 días. Así que hablaré de algo que ya sabía, pero pude volver a observar y sentir estos dos últimos días.

El frío. O, más bien, un clima fresco porque aquí en mi ciudad no he sentido lo que yo considero frío. ¿Qué hay con este clima? En una sola palabra: fascinante. ¿Por qué? Por todo lo que provoca y todo lo que apacigua en mí. Por las cosas que me hace imaginar, sentir, hacer. Cambia mi día por completo.

Lo sé desde hace tiempo. Sé que un clima fresco o, mejor aún, frío, me pone de muy buen humor. Me hace querer hacer todo lo que tenga que hacer y disfrutarlo. Me hace no detestar la idea de levantarme, aunque me siga encantando la idea de quedarme echado en mi cama entre cobijas, gatos, chocolate caliente, y películas. Me hace disfrutar caminar por y hacia donde sea. Incluso agradezco tener que caminar unas cuantas cuadras para agarrar el transporte público porque así hay más tiempo para que el viento me abrace y me deleite con sus caricias mientras veo el hermoso cielo nublado como un mural que está reservado únicamente para ser exhibido en estos días.

¡Ah, qué dicha es ir junto a la ventana con un clima así! Con la alegría de un perro me poso ahí, pero sin sacar la lengua. Pongo música de Coldplay, Keane, o alguna otra banda que me transporte a ciudades lejanas, del otro lado del charco, con sus calles adoquinadas, casas pintorescas, y monumentos. Cierro los ojos, y me dejo llevar. Por un momento no importa nada más. No importa si quiera si es tarde, si es peligroso, si olvidé algo en casa. Nada importa por un instante que intento alargar como cuando como mi parte favorita de un platillo lo más lento posible para saborearlo por más tiempo. Sé que terminará pero no tengo que apurarme.

Ayer me sentía enfermo hasta el punto de dudar en si debía ir a trabajar o no, pero ese clima, esa brisa, esa música, ese instante… cambiaron todo. No, todo empezó a cambiar desde que abrí la ventana. Fue ahí cuando supe qué día tan hermoso era.

Por supuesto, tampoco es que deje de sentir cualquier enojo, tristeza, frustración. Las siento. Las siento muchísimo, pues sé que soy una persona de emociones muy fuertes (que no van acorde a su expresión facial, pero ese es otro tema completamente diferente). Pero hay algo que este clima cambia en mí: mi manera de enfrentarme al mundo, a las personas, y a mí mismo. ¿Suena a que dejo toda la responsabilidad de ello en algo externo a mí? Ciertamente, me preocupa hacerlo. Hago un gran esfuerzo por enfrentarme al mundo cuando no tengo este clima, pero no puedo evitar recordar que, al final de todo, el ser humano es una máquina que responde a estímulos externos e internos. No solo de estos últimos. Quizá algún día llegue a tener un poder asombroso sobre mis estímulos internos y ya no importe casi nada mi ambiente, pero no es así en este momento. Además, no es el tema sobre el que quería escribir.

Hoy escribo sobre algo que noto, algo que me anima, que me hace sentir entusiasmado apesar de la enfermedad. Hoy, como siempre que existe, noto eso que me lleva a hacer las cosas sin poner tantos “peros”. Eso que se lleva tan bien con la música, la literatura, las películas, mi anímo, con todo yo.

 

Otro intento

Después de no sé cuántos años he vuelto a escribir aquí. No quiere decir que he dejado de escribir todo este tiempo. Está uno de mis libros en proceso, unas cuantas pequeñísimas historias que he creado en unos minutos, algunos otros escritos aburridos que hago para la escuela, y algunos cortísimos textos que hago como ejercicios para mis alumnos.

Sin embargo, sí he dejado de escribir con frecuencia. Y es por eso que quiero escribir esto. He dejado tanto de escribir, que me siento terriblemente culpable. He sido tan negligente conmigo mismo al no seguir con esto que me fascina, que temo que la depresión no muerta haya metido su mano en todo este asunto.

Han pasado tantísimas cosas en mi vida y en la de quienes me rodean, que no soy el único que piensa que si escribieramos un libro de ello, sería un completo best seller. Un éxito mundial. Pero ahora no es el momento.

Es curioso que esté aquí hoy, volviendo a escribir en este blog que había dejado “olvidado” durante tantos años. ¿Por qué es curioso? Porque ahora que me decido retomarlo, veo que tiene una notificación del día de hoy: mi aniversario de estar inscrito en WordPress. 7 años de tener un blog. Aunque no inicié con este blog, pero sí a hacer públicas mis creaciones e ideas de esta manera.

Pero vayamos a lo que venía. He dejado de escribir como antes. Y no solo en cantidad, sino en calidad. Lo sé. Lo siento. Lo sufro. A veces leo lo que yo mismo escribí años atrás y me agrada mucho, pero luego pienso en cómo podría escribir ahora si no hubiese dejado el hábito; si en lugar de eso le hubiese dedicado más tiempo a aprender a hacerlo mejor, practicarlo, y disfrutarlo, quizá me sentiría más realizado. Pero, ¿qué pasó?, ¿por qué lo dejé por un lado?, ¿por qué me negué ese placer?

Lo he pensado muchas veces pero sin lograr salir de ese hoyo. Varias otras veces he dado el primer paso en salir de ahí, pero al poco tiempo vuelvo a caer. No sé cómo me vaya esta vez, pero tengo que seguir intentándolo. Solo que debo tener cuidado de intentarlo de una manera distinta porque si cada vez lo intentara igual, sería un tonto que espera que cambien las cosas cuando yo mismo sigo realizando exactamente los mismos actos.

Ahora veamos, ¿por qué creo que lo he dejado de lado? La mayor parte del tiempo me digo a mí mismo que no tengo tiempo porque debo atender otras responsabilidades. Por cierto, damas y caballeros, he salido victorioso de aquella cueva que mencioné en febrero del 2014. Pero solo para meterme en otra cueva. O… ¿será que de tanto tiempo de estar ahí, ahora no puedo evitar sentirme dentro de ella a pesar de ya no estar en ese lugar? No lo sé, pero siempre que alguien me pregunta por qué no escribo, le doy la misma respuesta: “no tengo tiempo”. ¡Pero qué horrible excusa! No es que me lo pregunten a menudo, pero me lo digo a mí mismo con demasiada frecuencia. Y yo mismo sé que eso es solo una excusa, que hay algo más que me frena; y que ese “algo” está en mí mismo y en ninguna otra parte. Suelo hecharle la culpa al trabajo, a preparar clases, a mis tareas de psicología (sí, sigo estudiando eso), a hacer exámenes, a calificarlos, etc. Entonces, ¿qué hago en mis tiempos libres? Pienso yo que me quiero desahogar de todo el trabajo que tuve y me pongo a jugar, o surgen algunas otras cosas que tengo que atender y en eso se va mi tiempo. Cuidar de mis mascotas y la casa también están en la lista de cosas que necesito atender. Pero sigo sabiendo que, aún así, solo estoy inventándome excusas para no escribir. A veces pienso que si no estuviese tan cansado, lo haría. Si tuviera una buena cantidad de tiempo libre, lo haría; porque generalmente, me siento como si solo tuviera media hora o algo así para escribir, y eso no me parece suficiente para alcanzar a pensar en algo bueno, y mucho menos para escribirlo. Me imagino necesitando, mínimo, unas dos horas sin tener que preocuparme de nada más para poder escribir a gusto. Sin embargo, al final del día me doy cuenta  que desperdicié mucho más que solo media hora en cosas que ni siquiera me satisficieron, ni me hicieron aprender algo, ni me divirtieron, ni eran parte de mis deberes. Pura basura. Luego me culpo por no haber hecho algo mejor con ese tiempo.

Quizá tenga miedo de que lo que escriba en ese tiempo libre, que realmente está asechado por los demás deberes por todos los flancos pues nunca terminan, no sea lo suficientemente bueno ni siquiera para mí. Tengo miedo de decepcionarme a mí y al jóven yo que escribía mejor que el yo de ahora. Tengo miedo de encarar a esa falta de cuidado en mi habilidad, mi creatividad, y mi conocimiento. Temo no escribir casi nada. A pesar de que, en esta ocasión, en casi media hora he escrito al rededor de unas 900 palabras y aún tengo varias cosas que decir. Lo sé, no es lo mismo el escribir sobre algo real y que has tenido mucho tiempo para pensar, que el escribir ficción. Y ese podría ser otro de los “peros” que me pongo a mí mismo, pero necesito romper esa barrera de no escribir absolutamente nada. En vacaciones de verano retomé con cierto impulso el libro que planeo publicar antes que todos. Obviamente, al empezar las clases, eso se vino abajo. Hasta ahora que, después de unos días con algunas crisis existenciales, y que perdiendo el tiempo por las redes sociales, me encontré con un anuncio de clases gratis en línea. Pensé “oh, podría haber de escritura y eso me obligaría a seguir practicando”. Hice clic pero no era una clase gratis; únicamente podías ver el primer video sin pagar. El punto era que trataba de un “reto” de escribir lo que notabas a tu alrededor durante 10 días seguidos. Y, bueno, no estoy escribiendo precisamente sobre ese tema, pero planeo escribir algo todos los días. No sé aún si elegir un tema en específico o solo escribir lo que se me venga en mente. Lo importante es hacerlo.

Pero volviendo a mis excusas, también es fuerte mi pensamiento de que ya no lo hago bien. Me siento como un novato nuevamente. Aunque nunca haya dejado de serlo, en este momento esa idea me asedia de una manera discapacitante. A veces, algunas personas me siguen preguntando sobre redacción y vocabulario, y no me siento digno de responderles sus preguntas. Lo hago de todas maneras, pues trato de no menospreciarme, pero siempre termino con esa sensación de que no lo hice como podría haberlo hecho antes. Es horrible sentirse así. En este momento también noto cómo paso de un subtema a otro dentro de un mismo párrafo, y luego regreso al anterior. Pero no importa, debo seguir escribiendo y sacar todo esto.

Paréntesis. Creo que para este tipo de cosas se me adecua más escribir en la computadora. Menciono esto porque en los años anteriores había estado escribiendo a mano porque, al escribir más lento, me daba más tiempo de pensar mejor lo que diría y no tengo tantos momento de quedarme inmovil frente al papel con la pluma en mano. en este momento, cuando ya sé qué decir y son muchas cosas, el teclado me permite avanzar más rápido. Eso es lo que necesito justo ahora, sacar todo sin detenerme a pensar tanto.

Volviendo a mi razones para dejar de escribir. Oh, perdón, digo, excusas. ¿Me estaré exigiendo demasiado en cuanto cantidad y calidad? Creo que es tanta la culpa y el sentir que escribo peor que hace años, lo que me frena. Creo que cada vez que tengo la idea de ponerme a escribir algo pienso que me encontraré con un texto feo e insípido que me dará lástima a mí mismo. Incluso si otros piensan que es bueno, el gran problema es que yo no lo considero así. Es un asqueroso circulo vicioso en el que no lo practico, lo hago peor, me siento peor, y no lo practico porque lo hago mal.

Veo que varias personas a mi alrededor escriben y lo disfrutan. Amigos, alumnos, conocidos… Y lo hacen bien. Me alegra por ellos, pero me da mucha tristeza por mí, que dije amar la escritura pero la dejé botada, encerrada en un cofre, tirado en la calle. Le llevo mis lágrimas de vez en cuando, pero nunca la recojo. Esperando esa inspiración que llegue con la brisa del viento, que la chispa en mí vuelva a encender el fuego; tomando un cerillo para encenderlo una vez más, pero apagándolo nuevamente con mis suspiros.

Quizá sean las tantas cosas en mi vida, que siento que me sobrepasan y no he podido arreglarlas, las que me dan esa inseguridad de poder hacer esto bien.

Debo dejar de poner excusas. Lo sé conceptualmente, pero no lo sé realmente, dado que no lo he hecho. No es “mi falta de tiempo”, no es “simplemente organiza tu tiempo”, no es “te cargas muchas responsabilidades”. Es algo más allá, algo más profundo, algo que tiene que ver con la motivación que viene desde el interior; algo que, al venir de adentro, tiene una fuerza inconmensurable pues no se sirve de nada externo para vivir, para derrumbar barreras, para iluminar mundos, para crear universos.

Quizá solo deba seguir esa frase que tanto me ha traido en mi vida pero que, de alguna manera, a veces olvido: “Just do it”. Solo hazlo.

Hast aquí llega mi escrito de hoy. Noto que las ideas ya no salen tan rápido como en la primera media hora. Creo que he llegado a un buen punto para ser la primera vez de esta vez. Veré que sale en el próximo texto.

Dos horas y he escrito un poco más de 1600 palabras. ¿Será mi obsesión por ver qué tanto escribo? Tal vez solo quiero decirme a mí mismo que incluso con no mucho tiempo puedo escribir algo con significado. No muy bueno en técnica, pero debo darme la oportunidad de retomar esto, de recordar que un buen texto no tiene que salir a la primera, para eso están las revisiones y ediciones. Debo ser más tolerante y comprensivo conmigo mismo. Después de todo, lo hago porque lo disfruto. Oh, vaya, creo que dejé de hacerlo porque, de alguna maldita manera, yo mismo me lo arruiné al dejar de disfrutarlo y exigirme demás.

Rayos…